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Armani para desayunar, Gucci para cenar

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EFE
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today 19 ago. 2015
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Madrid - Gucci ha sido la última en sumarse a vender una experiencia gastronómica, y ha elegido el mercado chino para la apertura, en julio, de un restaurante en Shanghái que ofrece una experiencia inspirada en la toscana.

En centro de Chanel en Tokio, que alberga el restaurante de Alain Ducasse. - EFE/Juan Palop


La firma italiana propone comidas por unos 150 yuanes (unos 22 euros) y cenas desde 300 yuanes (45 euros), una cantidad asequible en concordancia con la política de bajada de precios que la firma italiana ha impuesto, también en su línea de ropa, para ganarse un hueco en el mercado asiático.

El restaurante, nombrado “1921 Gucci” -en honor al año en el que el empresario Guccio Gucci creó la marca-, se une al restaurante ubicado en el museo de la firma en Florencia y al café de Milán, donde hasta los terrones de azúcar llevan estampados el logo de Gucci.

“Terrones Gucci”

En el Gucci Cafe el té cuesta cuatro euros, los sandwiches ocho y las botellas de vino más baratas rondan los 20, según la opiniones escritas por los usuarios en la página del establecimiento en la web de viajes TripAdvisor.

“¡Me ha encantado la ensalada, y además es de Gucci!” comenta una joven en la página, donde reina la opinión de que el local impone precios similares a otros restaurantes que se sitúan en la misma -y aventajada- localización, la céntrica Piazza del Duomo.

El Thomas’s es el primer negocio gastronómico de Burberry, que ha optado homenajear a su fundador montando un local en una esquina de su tienda de la calle londinense de Regent Street.

El establecimiento ofrece desde junio un café expreso por cuatro libras, una ensalada de pollo por 12 o media langosta con patatas por 25, entre otras comidas elaboradas con productos de temporada que proceden de pequeños agricultores del Reino Unido.

Giorgio Armani ha añadido en julio un nuevo miembro en su familia gastronómica. A su restaurante de la Quinta Avenida de Nueva York, sus 15 cafés en diferentes partes del mundo y su hotel en el Burj Khalifa de Dubái, ha añadido un nuevo hotel-restaurante en Milán.

En el hotel situado en el imponente edificio del país árabe se puede degustar, por ejemplo, una cena para dos con lubina y cordero por algo más de 200 euros.

Tándem “deluxe”

La cocina de Armani en Dubai - EFE


Dentro de este tipo de iniciativas, las firmas de lujo apuestan por alianzas con grandes maestros de la cocina. Chanel ha cedido una planta de su tienda en Tokio a Alain Ducasse, quien ha ideado un menú “Prêt-à-porter”, por 40 euros, y uno de “Alta costura”, por 66.

El precio no parece desproporcionado, pero hay que tener en cuenta que no incluye las bebidas y, en una carta en la que los vinos rondan los 200 euros, el más barato cuesta 50.

Guerlain y el laureado Guy Martin han apostado por los sabores inspirados los olores de sus perfumes para Le 68 Guy Martin, un restaurante ubicado en los Campos Elíseos, donde ofrece menús comoun entrecot, col a la vainilla y un vaso de vino por 35 euros. Los desayunos, con yogur, bollería y café etíope cuestan 18 euros y suben hasta los 32 si se decide empezar la mañana entre las burbujas de un champán Ruinart Brut.

Décadas de comida y moda

La marca Polo de Ralph Lauren fue de las pioneras en aunar moda y sabor. En 1999 abrió su primer restaurante en Chicago, que estableció el camino para otro restaurante en París y un café en Nueva York.

Es los establecimientos de comida, decorados con un aire ecuestre que recuerda al logo de la firma, se sirven hamburguesas y filetes de vacas criadas en Colorado, en el propio el rancho del propietario, a partir de 30 euros. 

Otras marcas han optado por distanciarse del ambiente recto y ortodoxo de un restaurante de lujo. Es el caso de la Fundación Prada, que ha encargado el diseño de su Bar Luce, en Milán, al director de cine Wes Anderson, quién le ha dado en un estilo “vintage” y divertido en colores pastel que recuerda a la escenografía de las películas del americano.

El bar une a los entusiastas de la firma con los del director, provocando que se formen colas para entrar y -entre máquinas tragaperras y juegos de “arcade”- poder hacerse con un “panini” por seis euros, un zumo de naranja por siete o alcanzar el sueño de comprar algo de la marca de lujo gastándose solo tres euros, lo que cuesta una mini tartaleta de frutas.

La oferta de comida de lujo no acaba ahí. Dolce & Gabbana Martini Bistrot ofrece los aperitivos mas exclusivos de Milán, Louis Vuitton alberga el restaurante “Le Frank” en su fundación de París y la firma Hermés vende cenas en Seúl.
Décadas de comida y moda

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