Lanvin vuelve a enamorar con su nueva diseñadora, Bouchra Jarrar

Después del que sin duda ha sido el año más complicado de su historia reciente, Lanvin ha comenzado una nueva y luminosa etapa de la mano de la diseñadora francesa Bouchra Jarrar, que tomó el relevo de Alber Elbaz, despedido el pasado mes de octubre dejando una profunda división en la "maison".

Lanvin, primavera / verano 2017 - PixelFormula

El desfile de Lanvin abrió la segunda jornada de la Semana de la Moda de París, donde se presentan las colecciones primavera-verano 2017, y de verano precisamente hablaban los diseños de Jarrar: luz, seda, movimiento, feminidad y un cambio de apariencia en la puesta en escena.

Mientras que Elbaz tenía a su público acostumbrado a los desfiles nocturnos, siempre con una apariencia romántica con aire festivo (el show solía empezar casi una hora más tarde mientras los invitados bebían champán), la nueva diseñadora prefirió enmarcar sus propuestas en los salones del Ayuntamiento en pleno mediodía.

Los tonos blancos fueron los protagonistas en la pasarela, donde predominaron vestidos y pantalones largos y amplios con mucha caída y discretas superposiciones en looks que transmitían serenidad pero también fuerza gracias a una combinación de muselinas de seda, satén y encajes que se alternaban con tweed, brocados y punto metalizado.

Incluso en una línea extremadamente femenina como esta, Jarrar supo alejarse de los prototipos e incluir tendencias que paradójicamente deberían parecer masculinas, pero nada más lejos de la realidad: los trajes y pantalones de chaqueta se combinaron entre sí con faldas fluidas, pantalones de pedrería y transparencias.

Para la noche, el blanco dejó hueco al negro y a un elegante azul añil con destellos lavanda en vestidos por encima de la rodilla ligeramente evasé.

Aunque hubo detalles brillantes con pedrería y tejidos efecto pvc, tan solo un estampado se subió a la pasarela en un diseño negro con enormes flores blancas a juego con el dibujo de los abanicos japoneses que los invitados recibieron como regalo.

"He explorado la sensualidad y la intimidad, construyendo prendas alrededor de los cuerpos", explicó la diseñadora en un comunicado de la casa.

Ella misma reconoce su intención de traspasar "las fronteras de feminidad y masculinidad" en esta colección que describe como una "ventana".

Ciertamente, esta debía ser un nuevo inicio para la firma que ha vivido una de sus etapas más difícil después de que la dirección decidiera despedir a Elbaz hace ya casi un año, quien había estado a la cabeza durante 14 años, haciendo que fuera casi imposible pensar en Lanvin sin él.

Tras su partida, faltó poco para que se produjera una sublevación dentro del equipo de creación -que dirigió solo la colección otoño-invierno 2016/2017-, para el que Elbaz era un "dios y un padre", según llegó a declarar un empleado en una carta pública.

La relación entre los 330 empleados de la casa y la dirección empeoraba por momentos en un contexto económico que tampoco era bueno con pérdidas de hasta 200 millones de euros anuales (224 millones de dólares), pero el barco nunca llegó a hundirse y parece que el equipo se muestra unido de nuevo en torno a Jarrar.

La creadora, de origen marroquí, aseguró en una entrevista al New York Times ser "consciente" de la responsabilidad que ahora tiene.

Con menos carga de responsabilidad se encuentran ya Arnaud Vaillant y Sébastien Meyer, el dúo creativo que cumplió hoy dos temporadas al frente de Courrèges.

La apuesta de los modistas continuó con la revisión de los archivos de la casa en una serie inspirada en la "Costura del Futuro", referencia a la colección de 1965 creada por André Courrèges.

Para el verano de 2017 y en esta estética futurista sesentera, Courrèges propuso chaquetas tipo perfecto, pantalones smoking fluidos y monos en neopreno, y como accesorios, gafas estilo Matrix.

También en esta jornada presentó sus diseños Maison Margiela de la mano del diseñador John Galliano, que apostó como Courrèges por la estética futurista mediante ajustadas faldas lápiz en tejidos de apariencia gelatinosa, extravagantes pendientes con piedras y cascos como accesorios.

Poco después de Galliano, exponía sus diseños la que fuera su aprendiz, Anne Sophie Madsen, que revistió su estilo underground con gabardinas deconstruidas decoradas con dibujos, camisas con volantes y tops metalizados.

Tonos beige combinados con gamas de gris oscuro y negro en los colores mientras que la naturalidad reinó en la belleza: peinados deshechos con medios recogidos y gafas metálicas redondas que llevaron todas las modelos. 

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